EL MUNDO DEPORTIVO.- Sarríá vibró por todo lo alto con el aplastante triunfo del Español sobre el Albacete tras seis jornadas sin conocer la victoria.
Fue uno de los partidos más cortos de la temporada puesto que, a los 34 minutos, se había liquidado el choque y cerrado el marcador con media docena de goles, cinco blanquiazules y uno del cuadro manchego.
En realidad, el espectáculo se limitó a un festival blanquiazul de 30 minutos exactos en los que el equipo de Camacho redondeó un espectacular 4-0. Podríamos acortar el plazo a tan sólo 22 minutos puesto que, tras el 3-0 de Radu, ya no quedó duda de quien iba a ganar el encuentro. Y, en definitiva, de verdad verdad, sólo hubo 9 minútos de confrontación: los que necesitó el Españól para acercarse dos veces al área del Albacete y hacerle un 2-0 sin vuelta de hoja. Es decir, fue un apasionante mini-encuentro.
La afición blanquiazul, obviamente, se lo pasó en grande porque porcos domingos se han vivido con mayor tranquilidad y un notable número de goles de excelente factura todos ellos. El Albacete colaboró decisivamente en el espectáculo con un planteamiento osado y académico, que es el que mejor le va al juego españolista, caracterizado por la rapidez en el contragolpe y un buen control tanto en defensa como en el centro del campo. Para que me entiendan, el Albacete fue el anti-Celta que hace unas semanas se llevó un positivo de Sarriá y no dejó respirar a los jugadores blanquiazules en 90 minutos.
Hay quien agradeceeste tipo de filosofías,como la de Benito Floro, que sitúan el buen estilo y el afán por el triunfo sobre todas las demás circunstancias. A otros, en cambio, nos irrita porque eso de ser modesto e ir de ‘grande’ es un pecado de preopotencia como otro cualquiera. No ser consciente de las propias limitaciones es una lacra que en fútbol, especialmente, se suele pagar muy caro. El Albacete cometió ayer su primera falta intencionada cortando el juego en el minuto 41 y no vió tarjeta amarilla de amonestación hasta el segundo tiempo, con todo perdido y decidido. La vió Óscar y a Floro le faltó tiempo para sacarlo del terreno de juego.
Al Español le salió todo de cara y en su gran éxito tuvieron un protagonismo especial los jóvenes valores de la casa. Lardín, cuya especialidad es marcarlos a pares, abrió el marcador con un remate con la pierna derecha, algo realmente insólito. Roberto hizo el 2-O en una magnífica jugada personal y el propio Roberto sirvió en bandeja de plata el tercer gol a la 'estrella' rumana Raducioiou, que tuvo una admirable serenidad y sangre fría antes de fusilar al portero manchego. Es más, el cuadro blanquiazul jugó buena parte del encuentro con sólo dos extranjeros puesto que Brnovic se resintió de su reciente lesión y fue sustituido por otro valor de la casa, Jaume, que no desentonó. Al final, hasta salió José María, otro chico del Hospitale y goleador providencial en el encuentro de Logroño, confirmando que se puede dar paso a la juventud y ésta responde cuando hay un equipo vertebrado y una organización que funciona.
Y es que el peso del juego lo llevaron los de siempre. Desde la seguridad de Toni y Herrera en retaguardia hasta la batuta directora de Francisco pasando por la incansable brega de los 'carrileros' Roberto y Arteaga para terminar en la acometividad de Radu, en línea de vanguardia, poniendo en jaque el juego de pizarra del Albacete.
Arteaga, que curiosamente fue criticado por algún sector del público y tuvo pifias aisladas, fue el jugador clave de los últimos goles. Gestó el 4-0 con una colada hasta la cocina y centro mortal a Lardín, posiblemente en el gol de mayor valor colectivo del equipo, y terminó por consumar él mismo el 5-0 rematando a bocajarro un centro de Mendiondo ante el cual, el fallo de la defensa y el portero manchegos fue evidente.
Para que hubiera de todo, el árbitro se sacó de la manga un penalti que proporcionó a Zalazar el gol del honor de su equipo. La pena máxima fue muy protestada porque trajo recuerdos irritantes a la parroquia blanquiazul. Toni blocó por alto sin peligro, pero Pajares Paz tenía la mirada puesta en el interior del área y vió alguna incorrección de un defensa blanquiazul. Vamos, como el gol de Pacheta en el derbi pero en el área propia. Total, 5-1. El resto sobró. Ni el Albacete tuvo fuerzas morales para sacar su poder de reacción recientemente exhibido en El Molinón gijonés, donde a punto estuvo de nivelar un 3-0 en contra, ni el Español pareció motivado para alcanzar una goleada histórica ampliando la profunda brecha que señalaba el marcador. |