EL MUNDO DEPORTIVO.- Tres partidos, nueve puntos. El resto son ‘palabrerías’ que diría Camacho. Lo cierto es que la afición del Español empieza a alucinar con su equipo al que ve en lo alto de la clasificación tras dos actuaciones bastante discretas en Sarriá frente a rivales modestos y ultradefensivos que, eso sí, nunca dieron facilidades.
Desde el gol norte se entona repetidamente un canto que habla de ‘mágico Español’ el equipo respondió ayer con un gol galáctico cuando menos se esperaba. El detonante del triunfo fue el pequeño Javi, que entró a falta de diez minutos, capaz de fabricar el gol, lanzar un envenenado remate a la escuadra y dar una ráfaga de vivacidad y nuevos bríos a un once blanquiazul muy parco en ideas y poco lúcido en ataque. Hasta por tres veces la madera devolvió el balón al terreno de juego en otras tantas ocasiones claras de gol. El primero fue, en el primer tiempo,como consecuencia de un remate de Kasumov. Luego, nada más iniciarse el segundo tiempo, en un balón picado de cabeza por Lardín y, finalmente, ya en tiempo de descuento el citado disparo de Javi. No es extraño que muchos dieran el 0-0 como poco menos que inamovible. Entre que el Albacete jugaba pendiente de amarrar el empate y que el Español no encontraba vías de penetración en el área manchega, el desaliento era total hasta el minuto 38. Entonces Sarriá fue una fiesta. Pochettino clavó el balón en la red y la tercera victoria consecutiva del cuadro españolista en la Liga se hacía realidad tras un titánico esfuerzo en la última fase del encuentro.
El equipo blanquiazul cometió el gran pecado de desperdiciar los primeros 44 minutos del encuentro. Hasta aquel momento, remate de Benítez tras un buen pase de Radu, no le habia dado un solo susto al meta manchego Marcos. Poco después Brnovic lanzó el segundo disparo con peligro, pero se llegó a descanso sin que la reacción de los hombres de Camacho se hubiera producido. Durante todo el primer tiempo, el cuadro de Camacho se mostró contemporizador y sin armonía entre sus líneas, atenazado por un buen planteamiento defensivo de Floro en base a un 'pressing’ feroz en la zona ancha.
La segunda parte fue otra cosa. El equipo salió a por todas y, en los primeros compases, llevó más peligro que en todo el primer tiempo junto. Sin embargo el Albacete resistió y al cuarto de hora, entró Urzáiz por Torres Mestre en busca de una dosis extra de pólvora. Empezaba a jugarse contrareloj cuando el árbitro expulsó a Lardín por doble amonestación. Entró Bogdanovic por Radu para fortalecer la zona ancha. Por momentos se temió hasta por el empate, pero diez minutos más tarde y con la misma rigurosidad arbitral, se fue al vestuario Kasumov tras dos tarjetas amarillas.
Restablecido el equilibrio de fuerzas y con Javi en el campo, el Español hizo una última porfia por el triunfo y le salió a pedir de boca. Arrinconó al Albacete contra su campo y buscó la figura de Urzáiz como martillo de la ofensiva final. En uno de los muchos balones colgados, Pochettino acertó con la red y lo que había sido un encuentro tedioso y casi desesperante se convirtió en la gran fiesta blanquiazul por el tercer triunfo consecutivo en esta Liga. El equipo fue despedido con una cerrada ovación y los jugadores aplaudieron el calor y el apoyo que recibieron de las gradas en todo momento. Fue uno de esos partidos marcados por su desenlace: un minuto de inspiración para un gol que vale tres puntos y hace olvidar lo demás.
Sarriá parece haber aparcado el espectáculo y las tardes tranquilas de las últimas temporadas, pero ha aparecido algo más excitante y novedoso: ver al Español codearse con los mejores equipos de la clasificación. Todo le está dando razón a Camacho: ni hay rivales de inferior entidad ni el Español deber rendirse ante nadie si juega al ciento por ciento. |