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Jugador habilidoso y con una punta de velocidad notable, Pedro Riesco parece alcanzar su mejor rendimiento cuanto más adelante y pegado a la banda juega. En velocidad es difícil de parar y no suele centrar mal cuando llega hasta la línea de fondo. En ocasiones abusa de los regates, lo que le ha costado varias broncas de sus entrenadores. Con confianza es un jugador desequilibrante, que además de crear ocasiones de gol puede materializarlas.
Pedro Riesco comenzó a destacar jugando en el Rayo Vallecano, la temporada 1991/92, en Segunda División. Los ocho goles que consiguió esa campaña contribuyeron a que su equipo lograse el ascenso.
Debutó en la Primera División el 5 de septiembre de 1992, ante el Valencia CF. Su rendimiento esa temporada, el mejor de su carrera deportiva en la máxima categoría -35 partidos y seis goles- despertó el interés de clubes como el Real Madrid o el Atlético. Pero finalmente fue el Deportivo de La Coruña quien se hizo con sus servicios, a cambio de 100 millones de pesetas y un contrato de tres años. El equipo gallego estaba construyendo una plantilla mítica, el Superdepor, y Riesco se encontró con un técnico, Arsenio Iglesias, que tenía plenamente cubierta la delantera del equipo con Bebeto, Claudio Barragán y Javier Manjarín. Ese año el Deportivo perdió la liga en la última jornada, pero Pedro Riesco poco pudo aportar al subcampeonato: jugó 18 partidos, sólo uno como titular, y consiguió un gol.
La siguiente temporada el Deportivo reforzó su delantera con Emil Kostadinov y Julio Salinas, con lo que Riesco quedó relegado al ostracismo. Tras negociarse infructuosamente su marcha al Racing de Santander y a la SD Compostela, finalmente fue cedido al Real Valladolid durante el mercado de invierno. En el equipo castellano jugó hasta junio de 1995, participando en 15 partidos, en los que marcó un tanto. La temporada 1995/96 afrontó una nueva cesión, esta vez al Albacete Balompié, donde ...[Leer más]
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