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Elegido mejor jugador del Mundial juvenil de 1997, según los cronistas como una versión uruguaya del Maradona de 1979. El Valencia apostó fuerte por él. Llegó un media punta de 1.66, que parecía el hermano menor de Roberto Carlos, con un regate rápido y fantasioso, altamente individualista. En partido oficial dispuso de tres ratitos en Mestalla. Tal vez Valdano le hubiese buscado un hueco, pero Ranieri ni siquiera llegó a considerarlo. Aparcado en el Sevilla, se ganó suficiente aprecio de la afición en un año de ascenso como para quedarse. De vuelta a Primera ofreció poco más que música de cascabeles, por lo que optó por cambiar de aires y probar fortuna en el Córdoba. Finalmente llegó a nuestro Alba y nada, más de lo mismo...
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